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agosto 17, 2025Hace unos días vivencié una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Participé de un encuentro cimarrón con mujeres y hombres negros, negras, hijos e hijas de la diáspora africana, que se encuentran luchando desde cada uno de sus países, espacios académicos, políticos y sociales por el reconocimiento y respeto de nuestras identidades negras cimarronas.
Este viaje fue muy especial porque además del motivo académico-activista, el lugar en el que aterrizaría sería Cuba, así es, la Cuba de Fidel, la Cuba socialista, la Cuba en resistencia, la Cuba comunista, la Cuba de la salsa de Buena Vista Social Club, la Cuba negra. Aquella Cuba que ha sido descrita desde versiones tan antagónicas, tan violentas y también tan idealizadas que provocan ansiedad. Mi preparación para sumergirme a esta nueva aventura fue diversa, llevaba conmigo versiones de mochileros y mochileras, versiones desde canales oficiales y versiones de personas cubanas que se encontraban fuera de Cuba. Con toda esta información me enrumbé y puedo decir que las emociones siempre estuvieron presentes, por lo que representa el país como institución en todo un continente y por lo que su gente tiene para contar, sus vivencias y sus memorias.
Me quedo con esta imagen:
La fotografía. Estuvimos congregados y congregadas hombres y mujeres afrodiaspóricas para compartir nuestras experiencias de trabajo y fortalecer los aportes teóricos de deconstrucción y cimarronaje epistémico, político y social. Sin embargo, el hecho de estar reunidos negros y negras racializadas de las américas, del contexto latinoamericano de insurgencias sociales, de procesos de hartazgo frente a las violencias racistas estructurales, de emociones y vivencias compartidas, el hecho de estar en Cuba y las dinámicas observadas en la misma generaron sentimientos que atravesaban todos nuestros cuerpos y cuerpas. Surgieron de forma orgánica una complicidad sobre nuestras acciones en colectivo, la ratificación de nuestras insurgencias, de nuestras luchas, nuestras revoluciones y re-afirmaciones constantes, se creó una epistemología cimarrona per se. Aquella que a veces queda en lo abstracto la pudimos vivir, nuestras corporalidades negras latinoamericanas crean nuevas formas de entender las negritudes y nuestras luchas. Esta es la gran eureka!
Aprendizajes hay muchos, pero quiero compartir esta experiencia como un libro de aventuras y descubrimientos, mis reflexiones, mis sentires frente a cada situación que viví en La Habana, sin duda, todos y todas deberían conocerla, para tener sus propias memorias y reflexiones, una amiga comentaba que una no vuelve igual luego de conocer Cuba, y es cierto, nos hace cuestionarnos muchas cosas sobre la humanidad, sobre el poder, la política, los discursos y sobre todo, sobre nuestras negritudes.
Queden atentos y atentas.
Afroabrazos cimarrones.




