
CHICANISIMA
agosto 12, 2025
CIMARRONAJE CONGREGADO EN LA HABANA
agosto 17, 2025¡Quédate en casa! Se ha vuelto un lema mundial, en los diferentes idiomas y culturas. El ¡Quédate en casa! Parece ser la principal herramienta que evite la propagación del virus y consecuentes muertes de las y los más vulnerables. Estamos viendo debilitándose a países que hemos pensado como potencias internacionales, nuestras familias migrantes nos retratan las penurias y acciones indoloras que ya son protocolos de acción con las personas infectadas y fallecidas en Asia y Europa. Muchas personas, desde las comodidades de sus sillones y netflix, bromean con la situación como un capítulo más de The Walking Dead o de Flu. Sin duda el mundo está en una etapa de crisis, un momento que nuestras generaciones no pensaron vivir alguna vez y que la de nuestros abuelos y abuelas no pensaron revivir una vez más.
Sin embargo, esta crisis está abriendo esas venas que resaltan las desigualdades de nuestras sociedades, las venas sangrantes están gritando por atención y auxilio, la indiferencia y poca empatía está siendo un discurso común en los medios de comunicación. Una periodista dice “señora, ¿no sabe que estamos en cuarentena, por qué está saliendo a vender sus productos?” Un cantante peruano reconocido dice “dentren a sus casas, talvez así entiendan”, un discurso clasista y racista que hace mofa de los diferentes españoles que se hablan en Perú, y da a entender que estos pueblos son los que no hacen caso al aislamiento porque no lo consiguen entender, esta declaración fue tildada por los medios de comunicación como una “curiosa publicación”. Por su lado la prensa muestra a inicios del toque de queda cómo en las periferias de la capital limeña, zonas urbano marginales que coincidentemente están ocupadas por ciudadanos y ciudadanas empobrecidas, no cumplen con las medidas del Estado, mientras que, en Miraflores o Barranco más conocidos como Lima Top, las personas salen a ejercitarse al parque y pasear a sus perros. Sin lugar a dudas, los discursos y adjetivos de desobediencia, falta de educación y agresividad son reservados para la gente periférica, y los discursos ejemplares, de “una buena familia que se queda en casa a hacer cupcakes con los hijos” son reservados para los ciudadanos con mayores privilegios.
La mayoría de peruanos se sostiene económicamente por medio de la informalidad, pero esa informalidad no debe entenderse como criminosa, esa informalidad es resultado de políticas públicas y acciones del Estado que no tienen interés en incluir a toda su población en una distribución justa de las riquezas de nuestro país. Esa informalidad de la que tanto hablan los economistas es una estrategia de supervivencia a la que muchas familias migrantes del interior del país se han visto obligadas a desarrollar, para proteger a sus familias. Cómo es posible no entender que la señora que vende desayunos en la esquina de tu trabajo no recibirá ingresos durante esta cuarentena, por ende, no podrá comprar alimentos ni pagar sus deudas, sus hijos no se alimentarán, probablemente la echen del cuarto alquilado en el que vive y termine en la calle. Cómo es posible no entender que aquellas mujeres trabajadoras sexuales de la esquina de la discoteca no podrán trabajar estos días, sus proxenetas las van a violentar más de lo usual, no tendrán dinero para alimentarse y terminarán nuevamente en las calles. Y a aquellos que gritan “¡Quédense en sus casas!” se han puesto a pensar en los “1600 millones de personas se alojan en viviendas inadecuadas y cerca de 900 lo hacen en asentamientos informales” (Datos al 2018 de ONU), asentamientos informales como puentes, paraderos, parques, calles, etc, ¿en qué casas se van a proteger? ¿dónde van a resguardarse si su casa siempre fue la calle?
Recuerdo cuando inició la difusión de esta crisis y las familias fueron a literalmente saquear los supermercados, me recuerdo caminando por las tiendas de mi calle buscando atún y no encontrar ni uno. Vimos los videos por redes sociales de familias peleándose por comprar más papel higiénico, en esta crisis se perdió todo sentido de empatía y solidaridad. No obstante, tampoco me atrevo a juzgar únicamente a las personas de forma individual, estas actitudes son propias de discursos individualistas generados por el sistema capitalista, un sistema cruel que nos obliga a comernos al más pequeño, subir pisando a los demás, no mirar ni escuchar a los que quedan detrás, comprar más papel higiénico que los demás porque se tiene el dinero y se puede hacer. Es necesario detenernos a pensar en el tipo de sociedad que estamos dibujando, esta crisis nos está dando muchas lecciones, está sacando las herramientas más viles del ser humano, está descubriéndonos. Es también una oportunidad de repensar en nuestras acciones y sobre todo de desarrollar empatía, pero no una empatía benevolente ni asistencialista, podría llamarle de una “empatía crítica y justa”.
Los medios de comunicación, así como muchos ciudadanos y ciudadanas piensan esta crisis desde ilusamente entender que todos y todas estamos en las mismas condiciones, y hemos visto cómo se juzga y criminaliza sobre todo a estas personas que se encuentran en mayor vulnerabilidad, en mayor empobrecimiento y riesgo. La empatía y una conciencia crítica sobre cómo están conformadas nuestras situaciones son más que necesarias, pienso que deberían ser nuestras herramientas más potentes frente a esta pandemia. Pueblos afrodescendientes que se encuentran hacinados en favelas, morro y cerros, comunidades indígenas donde no llega el agua potable, familias migrantes que aún no se han establecido en las ciudades, ¿Cuándo vamos a pensar en estas familias? Muchas personas están viendo recién las profundas desigualdades de nuestras sociedades, ¿ahora qué haremos con esta información?
Este es un llamado a los medios de comunicación, ¡dejen de criminalizar a los empobrecidos! Informen de forma crítica, sean más empáticos con quienes tienen que vivir del día a día, cuando una persona tiene hambre es muy difícil pensar en un virus.
Este es un llamado a las familias que tienen el privilegio de estar en casas, con suficiente comida, con su familia completa y con tiempo de pensar en hacer cupcakes, ¡dejen de mirar a las familias que no tienen sus privilegios con indiferencia! Dejen de criticarlas, violentarlas y filmarlas como si ellas fueran culpables de esta epidemia, sean más críticos y empáticos.
Los pueblos indígenas, afrodescendientes y empobrecidos han luchado constantemente por su supervivencia, lo han hecho contra la necropolítica de Estado, contra los políticos, contra sociedades ciegas, y lo van a seguir haciendo en tiempos de pandemia, a ellos y ellas mis fuerzas y mis pensamientos.
Desahogo desde el aislamiento social…




