
CUBA PARTE 2: EL PROFESOR DE SALSA Y UNA PSEUDO-TURISTA ENGAÑADA
octubre 20, 2019Dormí solo dos horas. Una extraña planificación hizo que mi vuelo a Cuba sea a las 6am, lo que implicaba estar en el aeropuerto a las 3:30am, y por consecuencia salir de casa no más de las 2:00am. Son extrañas las sensaciones que tengo en este momento sobre Cuba. Me embarga la ansiedad y una ligera angustia por visitar un país “socialista”, Yo, una mujer negra que podrían etiquetar como roja, que piensa e idealiza el comunismo como una aspiración de sociedad justa y humana, crítica a un capitalismo que nos deshumaniza. Me comentan que hay personas vigilando en todo momento (CDR Comités de Defensa de la Revolución), si dices o haces cosas en contra del gobierno te pues meter en problemas, e incluso deportar, aún así yo muy juiciosa voy entregándome a la experiencia. Por otro lado, la curiosidad es incesante ¿Cómo será un país que se resiste a los tentáculos de la hidra capitalista? Yo voy a tener la oportunidad de conocer esto sobre lo que en las ciencias sociales filosofamos y sobre lo que el marxismo visionaba era nuestro futuro como sociedad. El comunismo. Y finalmente, para mi Cuba es negra! Negrísima! Voy a estar con mi gente negra! Luego de estar viviendo un año en Guadalajara una extraña muchísimo estar con su gente, es innegable que es otra conexión, ancestralidad, color, experiencias comunes, religiones de matriz africana, salsa, para mi Cuba es negra!
Tuve un viaje un poco turbulento, entre sueño, hambre y angustia por ya llegar. Llegué a La Habana, primera sensación, CALIENTE, muy caliente, adoro los climas tropicales, calurosos, aunque se me pegue la ropa, lo prefiero por sobre el frío. Siguiente impresión, ANSIEDAD, llegué a la zona de migraciones y antes de ingresar a la casilla observé muchas personas de civil con unos carnets colgando. Y efectivamente, uno de ellos se me acerca. Este señor, Oficial de migraciones, me empieza a interrogar. ¿primera vez que viene a Cuba? ¿Motivo de su visita? ¿Dónde se va quedar, por cuánto tiempo? Y pues empecé de forma muy relajada a contarle sobre la actividad, bastó decir CLACSO para que me diga ¡Ah, ¿es profesora?! Bienvenida! Me dejó ir. Yo feliz, primer filtro atravesado. Paso a la ventanilla de migraciones y la señorita me hace esperar a un lado y se llevan mi pasaporte, mis sensores de alerta se encendieron, pensé ¿aquí también tengo que pasar por registros «aleatorios»? Nada de aleatorios tienen para las personas racializadas. Esperé, ansiosa, como mujer negra que ha pasado por estos procesos constantemente, tenía impreso todos los documentos de la escuela, así que los tuve en mano. Se me acerca un segundo oficial y me dice “esta es una revisión aleatoria de control” y yo en mi mente, claro, muy aleatoria para que me pase por segunda vez. En fin, le mostré nuevamente todos los documentos y me dejaron ir.
Pasé por revisión de mi maleta y finalmente ¡salí! ¡Llegué Cuba! Mi Cuba negra se empezó a evidenciar. Fui a cambiar dinero, lo hice con una señora mexicana que se volvía y no quería llevarse sus CUC’s así que le cambié a ella. Salí en búsqueda de la guagua (nombre para el bus público en Cuba), empezó la aventura, ubiqué un grupo de gente en una esquina y supe que era el paradero del transporte público, me fui con ese grupito, habían muchas personas, entre ellas dos mujeres negras adultas. Obviamente me dirigí a ellas y les hablé. Me confirmaron que pasaba por ahí el carro así que esperé. Saqué unos 3 CUC’s en billete que había cambiado y ellas al parecer vieron el billete en mi mano. Una de esas señoras sacó un CUP y me dice: “toma niña, paga con esto, esos camellos no te dan cambio y te van a estafar, eso es mucho dinero” me apenó que la señora me dé su CUP, pero ante su insistencia lo acepté y le agradecí. Seguíamos esperando y recordé que tenía una muñequita peruana como llavero, de esos recuerditos peruanos. Saqué uno y se lo obsequié, la señora estaba muy feliz y comenzamos a charlar. Me pregunta hacia donde voy y luego me dio otro CUP, porque me dijo que me haría falta. Me dijo: nosotras te vamos a llevar hasta el paradero, tu tranquila. Llegó el bus, me tomó del brazo y cual hija suya subimos al camello. Es impresionante cómo una puede hacer ¡click! con otra persona de forma inmediata, confiar y dejarse llevar. En mi mente también pesaba mucho el hecho de que sean mujeres negras, de que seamos mujeres negras. Las adoré. Estuvimos platicando y me indicaron de forma detallada que bus tenía que tomar luego de este primero. Y en donde bajarme, ellas muy amables. Me dejaron en el paradero mientras ellas se fueron a otro paradero. Un abrazo muy fraterno y buenos deseos en nuestros caminos. En el paradero ayudé a una señora a leer su recibo de compra de unos medicamentos y recibí como unos diez “que dios te bendiga niña”. Yo estaba fascinada con la amabilidad!
Todo esto se me hacía tan surreal, tanta gentileza, tanta amabilidad de estas mujeres me llenó de seguridad y confianza. Llega el bus y había mucha gente, estaba repleto, yo con mi mochilón pensé en desistir. Pero escucho una voz que grita “sube niña, este es el carro” miro hacia dentro y una de las señoras estaba dentro del carro levantando el brazo y llamándome. Tuve que subir, apretadísima, pero muy segura. Conversamos todo el camino, le conté de mi viaje y ella que trabajaba todo el día, y estaba de camino hacia su casa. Yo, ilusa, le pregunté si habría actividades de fin de semana en la ciudad y ella me dijo, “no niña, yo ya estoy vieja, llego a casa y me duermo, hace mucho que no voy al centro”…
Luego de casi una hora de viaje, de pie y hablando con hasta tres personas en la guagua, llego a mi paradero y me despido nuevamente de mi amiga, me dice: “adiós mi amor, mucha suerte”. Yo un poco inquietada, mi madre y mi novio son los únicos que me dicen mi amor, seguía sorprendida por tanto cariño y amabilidad de las personas. Llegué caminando a mi hostel, el lugar donde pasaría esta primera noche. Ya eran como las cuatro de la tarde. El hostel era un edifico muy grande y viejo como a unos 4 kilómetros del centro de la ciudad. Luego de instalarme, salí del lugar en búsqueda de cambiar dinero a la moneda nacional y de buscar comida, porque con toda la emoción no comí nada. Caminé por los alrededores, pero no encontraba comida, y me quedaba impresionada por las casas, casas de infraestructura colonial, grandes, como las clásicas casonas del centro de Lima. Una primera impresión fue ¿por qué hay tanta gente en las calles? El lugar era como un clásico día de manifestación en la calle Abancay, o como las calles alrededor del estadio monumental previo y luego del clásico. Había mucha gente en las calles, ¿sería porque es sábado? Pues yo seguí caminando. Caminé como un kilómetro y no encontré cadecas (casas de cambio), así que con los únicos 8 CUCS que tenía pensaba comprar al menos una pizza. Pero cada vez me quedaba más prendada entre todo el asombro de la gente, las calles y ¡los mensajes de Fidel! Esto es de otro mundo, me topé en todo el camino de kilómetro y medio como con 10 mensajes alusivos a Fidel, el Che y la revolución cubana, los mensajes me daban la impresión de que la revolución hubiera pasado ayer y Fidel estuviera fumándose un puro en su casa. IMPACTADA, así estaba, procesando toda la información.
Primero, había mucha gente en las calles, personas sentadas fuera de sus casas, grupos de hombres jóvenes jugando fútbol o ajedrez en las calles, niños y niñas corriendo. Esto para mí era como viví los domingos de mi niñez en mi barrio, cuando todos nos hablábamos, cuando teníamos amistades en el barrio y jugábamos. Esto ya no lo veía hace muchísimo tiempo. Me cuestionaba, ¿será porque es fin de semana, porque hoy no trabajan, porque no tienen qué hacer en sus casas, por qué? No niego que me gustaría pensar que el individualismo capitalista no ha llegado aún a contagiar la ciudad y aún se mantienen rasgos de comunidad, pero el hecho de pensar que están en las calles porque no tienen más opciones me detenía.
Segundo, los mensajes de Fidel, el che y la revolución. Estaban por todas partes, desde mi salida del aeropuerto. En las paredes, en las casas, como adornos de las tiendas, como mensajes en carteles gigantes, en las gorras que la gente usaba, en los polos de la gente que vi en la wawa. ¿Qué nos quiere decir esto? Más allá de que haya gente a favor o no del gobierno, sentí una tendencia en que en la misma ciudad se refuerza el hito de la revolución, la acción de “revolución” como un mensaje anclado en todas las generaciones de cubanos, pero más allá de eso, como una memoria muy activa y viva. Obviamente esos son los mensajes amparados por el gobierno, pero la ciudadanía ¿será consciente de lo que significa ese mensaje de resistencia? ¿Qué significa la revolución para las personas que están en la esquina de su casa jugando al ajedrez? Mi punto es, que tanto los sujetos como Fidel y el Che, así como el hito de la revolución, que podrían ser solo figuras importantes en el cuaderno de historia, son parte del día a día de jóvenes, niños y niñas, los vi en las paredes, están presentes. Se mantienen presentes a través de estos mensajes para nada sutiles, son claros y directos. Para Cuba no es simplemente historia, es también la forma actual en la que viven.
Y finalmente, ¡una Cuba negra! De toda la gente que vi el 99.80% eran personas negras, hombres y mujeres hermosísimas, cabellos increíbles, pieles y rostros hermosos, como dice la canción, vi «las caras lindas de mi gente negra». Pero, casualmente estos rostros estaban sobre todo en las zonas más empobrecidas de la ciudad, ¿esto qué nos quiere decir? Si estuviera en cualquier otro país es muy fácil de deducir, las zonas más empobrecidas son para las poblaciones afrodescendientes o indígenas, gente que es marginalizada, empobrecida y se les reducen estructuralmente todas las posibilidades de salir del ciclo de acumulación de desventajas. Pero aquí, en Cuba, un país socialista, con una mayoría de población afrodescendiente, ¿cómo se puede mantener esta misma tendencia histórica de empobrecer a su gente negra? ¿Acaso un país socialista no se basa en la justicia? No lo entendí, ¿o será que desde mi forma de ver la ciudad me parece que están empobrecidas, pero en realidad no es así? O, ¿no lo sienten así? No comprendo, conversando con una amiga cubana antes de venir me dijo, que desde que Fidel dijo que en Cuba no hay racismo no se puede hablar sobre eso, porque si alguien dice que hay racismo está en contra de la palabra de Fidel, y nadie lo quiere estar. Entonces simplemente se deja de hablar de eso y ¿se hace la vista gorda a toda la ciudad? Al final, escribo desde lo que pude observar, todo lo que rodea al capitolio son barrios empobrecidos, casas destruidas por la mitad y gente viviendo ahí, gente negra viviendo en esas condiciones, ¿es eso una coincidencia?
En fin, nunca encontré comida, no cené, no encontré cadecas y caminé como cuatro kilómetros, terminé por el malecón sin saber cómo regresar, paré a uno de esos bicitaxi, me llevó de regreso un joven hombre negro muy tonificado que se hace kilómetros manejando bici y lleva solo hasta dos personas adultas detrás en una silla. Me llevó por exactamente ocho CUC’s hasta mi hostel, me dijo que no va por esas rutas, pero somo yo era una dama tuvo que llevarme jajaja. Muy amable, y completamente sudado el joven, charlamos un poco más y llegué a mi destino, tomé una ducha y dormí, con el estómago vacío y con la cabeza pensando en mil cosas. Mañana temprano podré conocer mucho más de la ciudad.




